Guajira

“el decimiel que te cante…”
Raúl Ferrer

Guajira, si te convengo
me compro una guayabera.
-Por una noche sitiera
gasto todo lo que tengo.
No mires de dónde vengo
y dime que sí, alma mía.
Yo te quiero desde el día
niño en que te conocí.
Si tú me dices que sí
te llevo a la canturía.

Mi verdadero padre

A Melba, con su mismo dolor.

Quererlo, lo que se dice quererlo, no lo quería. Cuando supe de su existencia sentí una gran curiosidad por conocerlo, pero, era solo eso, curiosidad.

… -Mi verdadero Padre!  -Mi padre biológico.

No recuerdo haberlo visto nunca. De hecho hasta hace poco más de dos años no sabía de su existencia. Dice mi madre que fue muy sinvergüenza. Que no me quería. Que hizo bien en irse a vivir a Miami y olvidarse de ella y de mí.

-¡Qué raro! ¿Y la familia de él, digo, la mía también? Hasta entonces nunca supe nada de algún abuelo o algún tío de esa parte. En su lugar, una familia emergente hacía su juego.

Cuando le pregunté, mi madre dijo que mi abuela, es decir la madre del hombre que era mi padre, era loca y había muerto hacia mucho tiempo. Del abuelo dice que no sabe, pero lo recuerda viviendo con ellos en aquella época, y parece que murió también. Que tengo, eso sí, una tía, pero, que vive allá, donde vive ahora el  susodicho progenitor.

La historia que quiero contarles comenzó cuando el azar y mi mala costumbre de andar chismoseando hicieron que cayera en mis manos aquella carta que firmaba un hombre hasta entonces desconocido. Yo no entendía nada pero estaba dirigida a mi madre y evidentemente hablaba de mí. Fui corriendo y la puse sobre la mesa de la cocina-comedor e increpé a mi madre:

-¿Qué significa esto?

Ese día pasé de la inocencia plena a la conciencia más desabrida que he tenido en mi dichosa vida. Me sentí ofendida, burlada, tratada como no lo merecía, carajo,  que yo tenía ya mis buenos veinte años.

Por vez primera y con mucha rabia tomé las riendas de mi vida. Juré que en lo adelante nadie me utilizaría otra vez y que iba a influir con mi voluntad para que las cosas sucedieran como yo quería. Me presenté delante de todo cubano de Miami que visitaba a su parentela en el pueblo.  Pregunté por él, si lo conocían, si lo habían visto, si sabían donde vivía…hasta que di con la persona adecuada. Le envié, a mi vilipendiado padre,  una carta y una foto y me quedé con el alma limpia esperando ser correspondida.

No me defraudó. Escuchen:

Hija queridísima, qué linda eres. Estoy mirando tu foto y contestando tu carta. No lo puedo creer. Estoy llorando. Un día sabrás todo lo que intenté para darte mi amor y mi apellido, pero hoy, cuando me embarga la felicidad más grande de este mundo no quiero hablar de cosas tristes.

Aquí está. Su primera carta. ¡Qué carta ni carta! -¡Su primer beso, su foto de cuerpo entero, su radiografía!

Dicen que la atracción de la sangre es poderosa y es verdad. Desde ese día le creí y hasta hoy no siento asomos de dudas.

Fue amor aquel ir y venir de cartas y postales y nimiedades que hacen las delicias del ausente. Fue amor aquel pedir y otorgar perdones… Fue amor del bueno sellado con promesas  y planes futuros.

A pesar de los muchos disgustos con mi madre, de sus improperios continuados, todo por culpa de los malditos celos, -lo celaba antes a él y a mí ahora-, sostuve muy en alto la moral y como en un rompecabezas fui colocando las piezas, una a una, en su debido lugar, hasta lograr un resultado: -¡Mi padre viajaría a Cuba! Continuaríamos frente a frente aquella relación intensamente filial que ya sobrepasaba los dos años de encuentros postales.

Querida chiquita linda” Ya pronto estaremos juntos. He tenido que poner en orden un millón de documentos. Ha sido muy afanoso, pero vale la pena si es para tenerte entre mis brazos. Esto es una locura. En menos de un mes, si Dios quiere, nos vemos en La Habana.

¡En menos de un mes…!

En menos de una semana llegó un telegrama de mi tía. Mi padre había sido encontrado muerto, sentado a la mesa de su cocina-comedor, sobre una carta que intentaba escribir.

Injustamente, injustamente, la vida me negaba también la segunda y última oportunidad de abrazarlo.

Romance del mar

Anda la brisa perdida
buscando tus carnes blancas.
¿Dónde estará –se pregunta-
la que perfumó mis aguas?
Dice que se torna gris
aquel pedazo de playa
cuando cabalgan azules
las incasables tempranas
interrogando la arena,
por donde quedó cifrada
el ansia de nuestros cuerpos
en una huella robada.
Que se acabó la alegría
con tu última mirada.
Que el eco voló más lejos
repitiendo tus palabras.
Un himno de caracolas
semeja el canto de lágrimas.
Sólo las perlas no quieren
que tu vuelvas a la playa.

-Brisa regresa a lo triste,
ponte caricia en las alas,
róbale el azul al cielo
y tíñele al mar las faldas,
haz un coro de rubíes
de corales y esmeraldas
y espérala, que muy pronto
llegará con la mañana.

Palabras en la inauguración de la Exposición “SENTIMIENTOS EN EL AIRE” de la fotógrafa novel Catherine Peterssen Catalán.

El artista se define con el verbo de los verbos: Ser. Su existencia transcurre a través de una orgánica contemplación germinadora. Es su punto de vista, su mirada, lo especial y distintivo. Percibe el mundo nuestro, y claro está suyo, con la agudeza singular de sus sentidos y lo re-crea antes de devolvérnoslo colorido y brillante, como purificado por la lluvia.

Al artista hay que acercarse lenta, muy lenta y cuidadosamente, -y si además es mujer, entonces todas las precauciones son pocas.

Hoy vivimos la doble emoción de recibir a Catherine Peterssen Catalán, una joven fotógrafa de Ciudad de la Habana, de quien no se bien si decir que ya es enteramente de La Salud o que La Salud es enteramente de ella; y a su Expo-personal “Sentimientos en el aire”, que es además la primera que presenta al público.

En esta muestra Catherine no dispuso su cámara para retratar grandes acontecimientos, ni grandes temas, ni grandes hallazgos de la suerte. Tranquilamente detuvo su mirada en la vida común de diferentes lugares del mundo y de diferentes personas. Uso ángulos muy propios que para nada recuerdan los caminos trillados de otros fotógrafos. Brasilia en ella no es la de las revistas y reportajes; La Feria del Libro en La Habana no es la de las grandes multitudes frente a los estantes de libros. Las personas retratadas nunca estuvieron avisadas de antemano. Ni siquiera usó el derecho que le asiste a manipular sus fotos. Nos trae en la Expo la vida real y cotidiana, y dentro de ella el ligero, discreto y a veces tímido resorte que convierte al hecho en obra de arte.

Grandes son los sentimientos y la sensibilidad de la artista, por eso recuerden… lenta, muy lenta y cuidadosamente. – para que puedan paladear cada mensaje.

Como apoyatura tendrán a su favor los títulos de las obras que en su mayoría son reveladores del secreto artístico; también cuentan con su propia experiencia de vida: ¿quién no ha visto alguna vez caprichosas figuras en las nubes, atrevidas formas en los árboles, geometrías audaces en la arquitectura del mundo? o ¿quién no tiene uno de esos amores tormentosos en su casa que nos hace decir con Serrat …niño deja ya de joder con la pelota? Y cuentan además para su ayuda con un aviso que les doy ahora mismo: -casi todo es la expresión de un humor finísimo que acompaña como modo de vida a la autora.

Amigos míos, Catherine Peterssen Catalán cursa el sexto año de sus Estudios Socioculturales, trabaja e investiga sobre aspectos de nuestra cultura provincial y nacional. Escribe y retrata cuanto ve. Ha participado en los Salones Humorísticos de la Bienal de San Antonio de los Baños, en el Primer Salón Nacional de Arte Joven “El Loquito” y el Salón también Bienal de la Humoranga del propio pueblo habanero.

Hoy se enfrenta por vez primera al público en La Salud, para orgullo de la Galería “Américo Cruz” y de todos nosotros.

Bienvenida pues a esta gran familia nuestra.

Bienvenida al arte.

Bienvenida.

Al Partir

A mis alumnos africanos.

“claro no somos una pompa fúnebre
usamos el derecho a la alegría.”
Mario Benedetti

Sobre el pulso del mar me hace pequeño
esta neblina de partir
ahora tengo que rumiar dos o tres siglos
y desgastarme de dolor
          -mis tantos bisabuelos
con todo el sol del trópico al pellejo
atados por el cuello y la tristeza
murieron del adiós
                   hasta la muerte
             de toda sombra humana-

claro que somos los de entonces
sólo
que vamos recobrando la alegría.

Don Amargado

Allá va Don amargado
y en su silencio se esconde,
pues no quiere irse de donde
tanto trabajo ha pasado.
Le espera el iluminado
mundo cooperativista,
y ante la nueva conquista
del campo desarrollado,
vuelve su espalda Amargado,
se calla y baja la vista.

Va camino del batey
que es de su vida verdugo.
Carga en los hombros el yugo
que le corresponde al buey.
Lleva en su frente la ley
equívoca del pasado,
y cubre al viejo Amargado
en su soledad fatal,
la razón del animal
y el atraso del arado.

En la finca colindante
crecía digna y altiva,
la alegre cooperativa
con su estatura gigante.
Contempló por un instante
con una mirada terca,
que ya no estaba la puerca
amarrada en el batey
y terneros, vaca y buey
habían brincado la cerca.

Sólo el gallo del guajiro
quiso aliviarle el delirio,
pero un profundo martirio
desató tras un suspiro.
El gallo con débil giro
cantó su “quiquiriquí”,
y sin vacilar, allí
Amargado lo mató,
porque en su canto creyó
oír, -“Vámonos de aquí”.

Un vecino que llegó
al punto de esta lujuria,
con la voz llena de furia
al campesino increpó:
“Mátame a mi –le gritó-
guajiro individualista,
y si tu línea egoísta
te empeñas en mantener,
también mata a tu mujer
que ya es cooperativista”.

La razón y la verdad
nunca son contemplativas,
y nuestras cooperativas
descubren la realidad.
Se alivio la terquedad
en el rostro de amargado
y se le vio iluminado
por una expresión furtiva.
Miró la cooperativa
diciendo: -“Seré afiliado”.

Luis Carlos Coto Mederos
Mención en el concurso “Dímelo cantando” del semanario Palante.

Canto de ustedes…

A mis alumnos…

Canto de ustedes como de mí mismo
porque entre ustedes vuelvo a mi persona.
Ignoro si la flor que me traiciona
es saudade en la piel o giornalismo.

Canto la sed primera, el buen abismo,
los ojos navegando la ternura,
su pradera de sueños, mi cordura.
¿Será un gesto sutil del egoísmo?

Canto de ustedes al decir mi nombre
que no es el mío ya, sino, el de tanto
amor en el silencio amanecido.

Canto de ustedes como canto al hombre,
limpio de oscura voz, sin otro canto
que el fuego entre las sombras del olvido.

Pequeña Elegía a un Gran Amigo, Epifanio Iznaga

“…y aquella su esperanza filial en los domingos”
Eliseo Diego
Con las luces del alba, los domingos,
el fervor del café nos obligaba
a una amistad recién amanecida
en los misterios de las filialidades.

Trama tenaz del tiempo puso en suerte
un espacio común que compartimos:
la sala de mi hogar y las noticias
acabadas de hervir en los arcanos.

Algo ha cambiado desde entonces, creo.
Ha vuelto a ser domingo esta mañana;
-un domingo después de días muy largos.

La fe toca las puertas de lo eterno.
El café y el hogar ya desesperan.
¿Sabré reconocerte cuando llegues?

Luis Carlos Coto Mederos
Foto: Melba Díaz
Marianao, 06.05.2018

Aperos de labranza

La tiza

Lengua de blancas palabras
-¡cómo cumples mis antojos!-
No hay imagen de mis ojos
Que entiendas tú cuando labras.
Ven, no te aflijas, no abras
rumbo sin mi itinerario,
que para escribir mi diario
me quedaré en ti, memoria.
Fino regazo de gloria
fugaz del vocabulario.

El borrador

Manso tragón de lenguaje,
te pierdes dentro del aula
como un gorrión en la jaula
feliz de nuestro paisaje.
Vives manchándote el traje
con polvo de mis errores,
de mis aciertos, las flores
que siembro en el pizarrón.
Siempre, tímido bribón,
pendiente de mis labores.

El pizarrón

Cantero abierto en la escuela
para sembrar mi consejo,
valga tu suerte de espejo
por detener lo que vuela.
Desvelado centinela
de cotidiana ternura.
¿Qué filo hay en tu bravura
desafiando la ignorancia?
¿Qué rosa, con qué fragancia,
nace en tu verde llanura?

Tema para un pez peleador

Los que gustan de ti bien poco saben
del retórico andar entre raíces,
del olfatear el polvo de las conchas,
del aletear sin fin los sueños tristes.

Los que gustan de ti nada imaginan
de la espiral de muerte en que perdiste
la más perfecta de tus alegrías,
la más firme de tus pasiones firmes.

Los que gustan de ti sólo desean
la acuarela de tu piel fantástica,
sin padecer tu andar de inerme acero.
El agua no les deja ver tus lágrimas.