Palabras en la Inauguración de la Exposición Fotográfica “Asuntos de fe” del Fotógrafo Jesús Báez Rodríguez

  

La Magia de la luz

La luz que inauguró los días inocentes y misteriosos de la Creación es hoy la misma luz que pinta a golpes de claroscuros los mensajes, no ya taumatúrgicos, pero sí también creativos, del arte.
Y es que la fotografía, porque de esto se trata, es fundamentalmente en sus principios, manejo de la luz.
La luz y sus misterios, la luz y sus caprichos, la luz y su nobleza para dejarse acomodar, dosificar y definir por el talento de quienes transitan por la vida fotografiando sus dichas, sus tristezas, sus asombros.

   

    

   

  

Sin esa luz que nos revela el mundo por mandato de Dios, todo volvería a ser caos y tinieblas. Luz esencial es pues la que venimos a celebrar junto a Jesús Báez Rodríguez. Luz esencial de un artista esencial de nuestro entorno. Porque de eso también se trata: de la vida misma de un artista.
Fotógrafo de verdad es quien lleva en su mirada y en su cámara la instantánea perfecta de cada suceso o sujeto, ya sea político, cultural, religioso, social, artístico…
Ese que comprende el Universo a través de una multiplicidad sucesiva de imágenes que después guarda en su ordenador o imprime para exponerlas frente a un público.
En los trabajos de Jesús podemos apreciar desde un acercamiento al arte digital puramente entendido hasta el reportaje hecho en formato digital también, pero, con la veracidad de la sencilla inmediatez lograda.

    

   

 

Los invito a detenerse, – a deleitarse, con los recuadros, el manejo del color negro y sus degradaciones, la luz, la policromía y los temas con sus ideas sugerentes.
No olvidemos que la luz del comienzo es Luz Universal y que con ella estamos obligados.

Luis Carlos Coto Mederos
La Salud, marzo 2009

Puede que Eduardo García Delgado

A mis alumnos en el Instituto homónimo de La Habana

De pie hacia mi
hecho de asombro    eterno
de carne y hueso como lo imagino
el bozo firme    el rostro
amaneciendo    sobre su corazón
la boina verde olivo.

Es Eduardo    sin dudas    es Eduardo
pero hace tanto ya
que tal vez no es Eduardo.

Cómo    entonces    la fuga
Su amor al infinito.

Luis Carlos Coto Mederos, de memoria

T.S. Eliot, tras acusar a abril de ser el mes más cruel, lo culpa también de confundir memoria y deseo. Esa afirmación describe el origen mismo de la poesía. De uno u otro modo esos dos elementos se mezclan en cada acto de creación.

La poesía de Luis Carlos Coto Mederos podría definirse, más que como una mezcla de memoria y deseo, como un intenso deseo de memoria. Sus versos intentan siempre redimir un recuerdo cuya pérdida le parece una catástrofe. Cada poema es una operación de rescate, una fotografía de un día o un instante memorables que alguien guarda bajo la camisa y la manta en medio del ciclón.

La casa, los abuelos, el pueblo soñoliento, la pañoleta, la escuela, los primos lejanos que vienen de visita, las campanadas, el parque, los arboles junto a la línea del tren, el tren mismo, ciertos ritos, el café y el humo del cigarro, los hijos. Esos son los elementos con los que el poeta parece armar su campamento.

Y su campamento está instalado en la infancia, con una que otra excursión hacia la adolescencia, y la tienda está construida mirando hacia la casa de los abuelos, hacia los orígenes mismos de la Republica. Los versos de Luis Carlos Coto Mederos son como aquellos guajiros elegantes, que entraban en el pueblo en las tardes de domingo montados en caballos inmensos, con guayaberas impolutas, corazas de blancura y almidón contra el tiempo. Y esos jinetes almidonados entran por la puerta estrecha de sus versos para obligarnos a recordar su estampa.

Su obra no se resume a cierta obstinada nostalgia. Hay en su mirada la lectura de muchos versos, la lucidez de muchos silencios. Porque pocas personas leyeron tanto, y con ojos y oídos tan atentos. Quien lo lea notará en su cadencia ecos de los octosílabos del Cucalambé y los alejandrinos de Darío y los endecasílabos de Neruda, de Quevedo y de Borges. También lo notará quien lo escuche hablar en su portal al caer de la tarde. Y es imposible no sentir en sus versos el sabor, como de mínima azúcar en el café recio del almuerzo, de Eliseo Diego.

Esos detalles, que importan y pesan, no definen su esencia, que está más en el amor de ciertos recuerdos –o el recuerdo de ciertos amores- y en el deseo intensísimo de poner cada palabra en su lugar preciso, y el innato talento de saberlo. A veces da la impresión de que sus poemas son un intento de salvar el sabor de algún postre exquisito, el ruido del viento en las palmas o la sonrisa de su madre, salvarlo todo del vendaval a fuerza de ordenar ciertas palabras. Su esfuerzo podría hacernos recordar a aquel niño del cuento de San Agustín, que quería echar el mar en un hoyo que había hecho en la arena. San Agustín reconoció en el pequeño a un Ángel y dedicó su vida a imitarlo.

Jorge Ignacio Domínguez López
Nueva York, Julio del 2016.
Foto: Melby

Cambio de nombre

No le gustaba a Juliano
el nombre que le tocó
y lo cambiaba por lo
que fuera cayendo a mano:
“Julito”, el “Yuly” cercano,
como el cercano “Yuliei”.
Pero me dijo Adianey:
-en ese cambio infinito
yo creo que este “Julito”
va a terminar en Serguei.

Luis Carlos Coto Mederos
julio, 2018

Guajira

“el decimiel que te cante…”
Raúl Ferrer

Guajira, si te convengo
me compro una guayabera.
-Por una noche sitiera
gasto todo lo que tengo.
No mires de dónde vengo
y dime que sí, alma mía.
Yo te quiero desde el día
niño en que te conocí.
Si tú me dices que sí
te llevo a la canturía.

Mi verdadero padre

A Melba, con su mismo dolor.

Quererlo, lo que se dice quererlo, no lo quería. Cuando supe de su existencia sentí una gran curiosidad por conocerlo, pero, era solo eso, curiosidad.

… -Mi verdadero Padre!  -Mi padre biológico.

No recuerdo haberlo visto nunca. De hecho hasta hace poco más de dos años no sabía de su existencia. Dice mi madre que fue muy sinvergüenza. Que no me quería. Que hizo bien en irse a vivir a Miami y olvidarse de ella y de mí.

-¡Qué raro! ¿Y la familia de él, digo, la mía también? Hasta entonces nunca supe nada de algún abuelo o algún tío de esa parte. En su lugar, una familia emergente hacía su juego.

Cuando le pregunté, mi madre dijo que mi abuela, es decir la madre del hombre que era mi padre, era loca y había muerto hacia mucho tiempo. Del abuelo dice que no sabe, pero lo recuerda viviendo con ellos en aquella época, y parece que murió también. Que tengo, eso sí, una tía, pero, que vive allá, donde vive ahora el  susodicho progenitor.

La historia que quiero contarles comenzó cuando el azar y mi mala costumbre de andar chismoseando hicieron que cayera en mis manos aquella carta que firmaba un hombre hasta entonces desconocido. Yo no entendía nada pero estaba dirigida a mi madre y evidentemente hablaba de mí. Fui corriendo y la puse sobre la mesa de la cocina-comedor e increpé a mi madre:

-¿Qué significa esto?

Ese día pasé de la inocencia plena a la conciencia más desabrida que he tenido en mi dichosa vida. Me sentí ofendida, burlada, tratada como no lo merecía, carajo,  que yo tenía ya mis buenos veinte años.

Por vez primera y con mucha rabia tomé las riendas de mi vida. Juré que en lo adelante nadie me utilizaría otra vez y que iba a influir con mi voluntad para que las cosas sucedieran como yo quería. Me presenté delante de todo cubano de Miami que visitaba a su parentela en el pueblo.  Pregunté por él, si lo conocían, si lo habían visto, si sabían donde vivía…hasta que di con la persona adecuada. Le envié, a mi vilipendiado padre,  una carta y una foto y me quedé con el alma limpia esperando ser correspondida.

No me defraudó. Escuchen:

Hija queridísima, qué linda eres. Estoy mirando tu foto y contestando tu carta. No lo puedo creer. Estoy llorando. Un día sabrás todo lo que intenté para darte mi amor y mi apellido, pero hoy, cuando me embarga la felicidad más grande de este mundo no quiero hablar de cosas tristes.

Aquí está. Su primera carta. ¡Qué carta ni carta! -¡Su primer beso, su foto de cuerpo entero, su radiografía!

Dicen que la atracción de la sangre es poderosa y es verdad. Desde ese día le creí y hasta hoy no siento asomos de dudas.

Fue amor aquel ir y venir de cartas y postales y nimiedades que hacen las delicias del ausente. Fue amor aquel pedir y otorgar perdones… Fue amor del bueno sellado con promesas  y planes futuros.

A pesar de los muchos disgustos con mi madre, de sus improperios continuados, todo por culpa de los malditos celos, -lo celaba antes a él y a mí ahora-, sostuve muy en alto la moral y como en un rompecabezas fui colocando las piezas, una a una, en su debido lugar, hasta lograr un resultado: -¡Mi padre viajaría a Cuba! Continuaríamos frente a frente aquella relación intensamente filial que ya sobrepasaba los dos años de encuentros postales.

Querida chiquita linda” Ya pronto estaremos juntos. He tenido que poner en orden un millón de documentos. Ha sido muy afanoso, pero vale la pena si es para tenerte entre mis brazos. Esto es una locura. En menos de un mes, si Dios quiere, nos vemos en La Habana.

¡En menos de un mes…!

En menos de una semana llegó un telegrama de mi tía. Mi padre había sido encontrado muerto, sentado a la mesa de su cocina-comedor, sobre una carta que intentaba escribir.

Injustamente, injustamente, la vida me negaba también la segunda y última oportunidad de abrazarlo.

Romance del mar

Anda la brisa perdida
buscando tus carnes blancas.
¿Dónde estará –se pregunta-
la que perfumó mis aguas?
Dice que se torna gris
aquel pedazo de playa
cuando cabalgan azules
las incasables tempranas
interrogando la arena,
por donde quedó cifrada
el ansia de nuestros cuerpos
en una huella robada.
Que se acabó la alegría
con tu última mirada.
Que el eco voló más lejos
repitiendo tus palabras.
Un himno de caracolas
semeja el canto de lágrimas.
Sólo las perlas no quieren
que tu vuelvas a la playa.

-Brisa regresa a lo triste,
ponte caricia en las alas,
róbale el azul al cielo
y tíñele al mar las faldas,
haz un coro de rubíes
de corales y esmeraldas
y espérala, que muy pronto
llegará con la mañana.

Palabras en la inauguración de la Exposición “SENTIMIENTOS EN EL AIRE” de la fotógrafa novel Catherine Peterssen Catalán.

El artista se define con el verbo de los verbos: Ser. Su existencia transcurre a través de una orgánica contemplación germinadora. Es su punto de vista, su mirada, lo especial y distintivo. Percibe el mundo nuestro, y claro está suyo, con la agudeza singular de sus sentidos y lo re-crea antes de devolvérnoslo colorido y brillante, como purificado por la lluvia.

Al artista hay que acercarse lenta, muy lenta y cuidadosamente, -y si además es mujer, entonces todas las precauciones son pocas.

Hoy vivimos la doble emoción de recibir a Catherine Peterssen Catalán, una joven fotógrafa de Ciudad de la Habana, de quien no se bien si decir que ya es enteramente de La Salud o que La Salud es enteramente de ella; y a su Expo-personal “Sentimientos en el aire”, que es además la primera que presenta al público.

En esta muestra Catherine no dispuso su cámara para retratar grandes acontecimientos, ni grandes temas, ni grandes hallazgos de la suerte. Tranquilamente detuvo su mirada en la vida común de diferentes lugares del mundo y de diferentes personas. Uso ángulos muy propios que para nada recuerdan los caminos trillados de otros fotógrafos. Brasilia en ella no es la de las revistas y reportajes; La Feria del Libro en La Habana no es la de las grandes multitudes frente a los estantes de libros. Las personas retratadas nunca estuvieron avisadas de antemano. Ni siquiera usó el derecho que le asiste a manipular sus fotos. Nos trae en la Expo la vida real y cotidiana, y dentro de ella el ligero, discreto y a veces tímido resorte que convierte al hecho en obra de arte.

Grandes son los sentimientos y la sensibilidad de la artista, por eso recuerden… lenta, muy lenta y cuidadosamente. – para que puedan paladear cada mensaje.

Como apoyatura tendrán a su favor los títulos de las obras que en su mayoría son reveladores del secreto artístico; también cuentan con su propia experiencia de vida: ¿quién no ha visto alguna vez caprichosas figuras en las nubes, atrevidas formas en los árboles, geometrías audaces en la arquitectura del mundo? o ¿quién no tiene uno de esos amores tormentosos en su casa que nos hace decir con Serrat …niño deja ya de joder con la pelota? Y cuentan además para su ayuda con un aviso que les doy ahora mismo: -casi todo es la expresión de un humor finísimo que acompaña como modo de vida a la autora.

Amigos míos, Catherine Peterssen Catalán cursa el sexto año de sus Estudios Socioculturales, trabaja e investiga sobre aspectos de nuestra cultura provincial y nacional. Escribe y retrata cuanto ve. Ha participado en los Salones Humorísticos de la Bienal de San Antonio de los Baños, en el Primer Salón Nacional de Arte Joven “El Loquito” y el Salón también Bienal de la Humoranga del propio pueblo habanero.

Hoy se enfrenta por vez primera al público en La Salud, para orgullo de la Galería “Américo Cruz” y de todos nosotros.

Bienvenida pues a esta gran familia nuestra.

Bienvenida al arte.

Bienvenida.

Al Partir

A mis alumnos africanos.

“claro no somos una pompa fúnebre
usamos el derecho a la alegría.”
Mario Benedetti

Sobre el pulso del mar me hace pequeño
esta neblina de partir
ahora tengo que rumiar dos o tres siglos
y desgastarme de dolor
          -mis tantos bisabuelos
con todo el sol del trópico al pellejo
atados por el cuello y la tristeza
murieron del adiós
                   hasta la muerte
             de toda sombra humana-

claro que somos los de entonces
sólo
que vamos recobrando la alegría.

Don Amargado

Allá va Don amargado
y en su silencio se esconde,
pues no quiere irse de donde
tanto trabajo ha pasado.
Le espera el iluminado
mundo cooperativista,
y ante la nueva conquista
del campo desarrollado,
vuelve su espalda Amargado,
se calla y baja la vista.

Va camino del batey
que es de su vida verdugo.
Carga en los hombros el yugo
que le corresponde al buey.
Lleva en su frente la ley
equívoca del pasado,
y cubre al viejo Amargado
en su soledad fatal,
la razón del animal
y el atraso del arado.

En la finca colindante
crecía digna y altiva,
la alegre cooperativa
con su estatura gigante.
Contempló por un instante
con una mirada terca,
que ya no estaba la puerca
amarrada en el batey
y terneros, vaca y buey
habían brincado la cerca.

Sólo el gallo del guajiro
quiso aliviarle el delirio,
pero un profundo martirio
desató tras un suspiro.
El gallo con débil giro
cantó su “quiquiriquí”,
y sin vacilar, allí
Amargado lo mató,
porque en su canto creyó
oír, -“Vámonos de aquí”.

Un vecino que llegó
al punto de esta lujuria,
con la voz llena de furia
al campesino increpó:
“Mátame a mi –le gritó-
guajiro individualista,
y si tu línea egoísta
te empeñas en mantener,
también mata a tu mujer
que ya es cooperativista”.

La razón y la verdad
nunca son contemplativas,
y nuestras cooperativas
descubren la realidad.
Se alivio la terquedad
en el rostro de amargado
y se le vio iluminado
por una expresión furtiva.
Miró la cooperativa
diciendo: -“Seré afiliado”.

Luis Carlos Coto Mederos
Mención en el concurso “Dímelo cantando” del semanario Palante.